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EGOSUM: CUPIDO

30-7-2005

EGOSUM: CUPIDO

SÍ, al insuflarme, por la pasión que me evocaste, acabé besando espejos, soportando soplos de sol, escribiendo el amor con h...
Más ciertamente con S.

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AMADA MIA... dijo H "In Love". Posted by Picasa

29-7-005

ARTHUR MACHEN (1863-1947), como su contemporáneo Lord Dunsany, fue un soñador, que creó una de las obras más exquisitas y líricas en ese particular universo literario que es el género de terror.
Durante su vida, sus ocupaciones fueron diversas: tutor, traductor, corrector de pruebas, catalogador de libros raros, actor de teatro y, sobre todo, periodista. Machen plasmó en el papel de manera profundamente poética sus arrebatados y malancólicos sueños, tratando de desvelar los enigmas ocultos más allá de la existencia, allende el espacio, logrando un gran lirismo en su especial creación del horror.
Al contrario de M.R. James o Joseph Sheridan Le Fanu, Machen, inspirándose en sus orígenes celtas, no escribió sobre fantasmas, sino sobre fuerzas elementales, maleficios que pervivieron o poderes malignos invocados por el folklore y los cuentos de hadas, como los hermosos y juguetones seres que se le aparecen a la protagonista de “El pueblo blanco” (“probablemente el mejor relato sobrenatural del siglo, tal vez de la literatura”, en opinión de E.F. Bleiler), o la perversa gente pequeña que aparece en “El Sello negro” o en “La pirámide resplandeciente”o en “De las profundidades de la tierra”, misteriosa y horrenda raza pre-céltica, negra y achaparrada, forzada a vivir en las entrañas de la tierra, donde siguen practicando horripilantes ritos sacrificiales. La antología que presentamos aquí y que se reúne en el número 33 de la colección Valdemar Gótica está formada por catorce relatos (algunos de ellos inéditos en castellano), lo más florido de la ingente obra fantástica de Machen, que tan grande influencia tuvo en otro gran maestro del horror sobrenatural, H.P. Lovecraft.


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MARCO DENEVI: MICROCUENTO


27-9-2005

EL TRABAJO Nº 13 DE HÉRCULES

SEGÚN el apócrifo Apolodoro de la Biblioteca, "Hércules se hospedó durante cincuenta días en casa de un tal Tespio, quien era padre de cincuenta hijas a todas las cuales, una por una, fue poniendo en el lecho del héroe porque quería que éste le diese nietos que heredasen su fuerza. Hércules, creyendo que era siempre la misma, las amó a todas". El pormenor que Apolodoro ignora o pasa por alto es que las cincuenta hijas de Tespio eran vírgenes. Hércules, corto de entendederas como todos los forzudos, siempre creyó que el más arduo de sus trabajos había sido desflorar a la hija única de Tespio.

MISTER HYDE GLOBALIZADO

27-7-2005

ESTE FIN DE SEMANA, a las cuatro de la madrugada, me asomé al balcón, más por hábito que por el estruendo que llegaba de la calle. Abajo hay un parque donde gente de toda edad se reúne a tomarse cubatas, cervezas, litronas y demás libaciones. Un grupo de jóvenes, no sé cuantos habría, pero sí numeroso, se partían la cara como energúmenos. Las chicas no se quedaban atrás, las repartían igual o mejores, independientemente del género del “afortunado”. No me he acostumbrado a eso, pese a que se ha convertido en algo consuetudinario, dicen que producto del vacío ético y de la permisividad de los tiempos presentes. Posiblemente haya algo de ello detrás. Sea como fuere, también aumentan ciertas tropelías, algunas de muy graves consecuencias y no es raro ver que una ambulancia se lleva a algún fiambre al valle de los callados. Lo que quería decir, en definitiva, es que mister Hyde se ha generalizado. Ahora no hace falta un complejo bebedizo para hollar la noche envuelto en rabia y apestando asesinato. El egregio inglés es una vaga neblina comparado con el denso común violento de nuestros días. Aún hay quien dice que esto va bien y que es el mejor de los mundos posibles.


Loup Posted by Picasa


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CARLOS MAZA: "NOTAS PARA UN REQUIEM..."

24-Julio-2005

NOTAS PARA UN RÉQUIEM EN HOMENAJE A POL POT

DO
lorosamente recibí la noticia de tu muerte durante aquellos días de Pascua. ¡Hasta en eso te quisiste parecer a un Dios! No lo conseguiste nunca..., para eso te hubieran hecho falta más muertos. Te olvidaste de que el hombre no debe desear ser un dios, no es honesto.
Ahora ya nadie comprende tu falta de honestidad, sólo eres cenizas de una selva de Camboya.
RE
cordando aquellos versos de Fray Luis me he dado cuenta de que quizá sólo fuiste un poeta que tuvo demasiado poder... ¡qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido...! Tú querías crear algo nuevo, cincelar la piedra social y dar a luz un nuevo mundo, tú, poeta loco y poderoso. “¡Oh, campo! ¡Oh, monte! ¡Oh, río! ¡Oh, secreto seguro, deleitoso!”.
Ahora ya nadie comprende tu lirismo, sólo eres un mal recuerdo en una selva de Camboya.
MI
rar un periódico y comprobar que nadie te respeta, que te llaman asesino. ¿Qué te importaba a ti eso? Acaso no hemos de morir todos, ¡sea al menos por una buena causa! Para ti el mundo un gigantesco tapete, y tú tenías en una mano un dado y en otra un fusil. ¿Quién tira acaso los dados sino el que tiene el fusil?
Ahora ya nadie te curará de tu ludopatía armada, sólo eres humo nacido de una pira en una selva de Camboya.
FA
cil sería ahora acumular insulto tras insulto, cubrir tu memoria de saliva y tierra, pero yo te comprendo. La vida está llena de personas como tú, sólo les falta el poder...y dos millones será una cifra ridícula; las vidas importan poco cuando lo que se ama es la verdad, y tú te acostabas con ella cada noche.
Ahora ya nadie te curará de tu lascivia veraz, sólo eres una bandera roja que el aire arrastra en una selva de Camboya.
SOL
o me queda de ti un recuerdo agradable, algo por lo que apreciarte. De tu cuerpo senil nació una frase cuando todos esperaban que dijeras “lo siento” o quizás un “me arrepiento”. “Tengo la conciencia tranquila”, dijiste. ¿No es maravilloso? ¿No hubiera tenido mucho de grotesco y ridículo que un monstruo viniese en sus últimos días a pedir perdón? ¿No derrumba esto de un plumazo toda nuestra fe en el hombre? Gracias, Pol Pot, por sembrarnos de dudas.
Ahora ya nadie recuerda aquella frase, sólo eres un “hombre viejo” quemado por el Sol de una selva de Camboya.
LA
suerte que espera a todos los idealistas es tener que acabar cometiendo una injusticia para restaurar su justicia. Tú asesinaste, otros robaron, o simplemente mintieron. Los ideales de algunos son a la larga guillotinas plantadas en la Historia.
Dicen que entre el Cielo y el Infierno hay un lugar reservado a los idealistas. Dios no ha sabido todavía qué hacer con ellos porque desconoce si actúan bien o mal, quizá lo hagan más allá de esas dos palabras. Ahora tú tienes un puesto reservado allí. Nadie sabe quién será tu compañero, quizá sea el “Che”, o Stalin, o quizá Lenin, tal vez Franco, o Hitler, o Jesús...
Ahora ya nadie comprende tu idealismo, sólo eres una mentira parida en la Sorbona y que ahora yace en una selva de Camboya.
SI
lencio, Pol Pot, el homicida, ha muerto. Nos quedan sus obras para aprender de ellas.
SI
Lencio, Pol Pot, el gran jemer, ha muerto. Nos quedan sus ideas para nunca olvidarlas.
SI
Lencio, Pol Pot, un hombre, ha muerto. La Historia nos traerá otros.


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21-7-2005
Egosum:
Aquél día en la vida de Antoñito Melero Infante

SI HABIA EN LA PROVINCIA diez personas mimadas por la diosa Fortuna, una era, sin duda, el jerarca de los Melero Infante. Su familia siempre había tenido dinero, muchísimo dinero. De hecho, recordaba haber vivido en un palacete en el centro de la capital; la casa la atendían seis criadas y su padre tenía cochero uniformado que lo llevaba acá y acullá al requerimiento de sus negocios o al encuentro de sus queridas. Bueno, además estaban las empresas, las fincas agrícolas, los montes, el náutico, los solares y el piso en París.
Ahora, don Juan de Dios, el doctor Melero, el patriarca, seguía siendo muy rico, pero los tiempos –como aquel degenerado siglo XXI como se hartaba de decir apretando los dientes-, no se prestaban para las pasadas ostentaciones. Además, obsesionado por el poder y el dinero, más que por la verdad y los ideales, había aprovechado el talante de la época para constituirse en uno de los máximos representantes de un destacado partido de izquierdas, razón añadida por la cual no se debían ostentar en exceso laureles y oros. Entre los íntimos, todos sabían que odiaba ampliamente la permisividad de la democracia, la anuencia con los males, múltiples y mestizos, que devastaban la vieja Europa y la madre patria. Pero todo ello era capaz de soportarlo, siempre y cuando se bañase en lujo y poder, y mandase en su casa y en la facultad como un rey de taifas.
A los treinta años, titular ya de la cátedra de Medicina Legal y Forense, se casó con Elisa, la unigénita de otra familia pudiente de la ciudad, la cual le dio cinco hijos, muriendo en el último alumbramiento. Quizás sintiese la pérdida, pero don Juan de Dios siguió impasible el camino de su vida, ahora con la fortuna engrosada tras la muerte de su cónyuge. De los chicos se ocupó un ajada ama de llaves, sobre todo de Antonio, el menor, mujer buena y hacendosa que hizo, hasta donde pudo y bien por cierto, las labores de gobernanta y de madre putativa.
Teniendo a gala su condición de católico, apostólico y romano (lo de la política sucedería bastantes años después, por pura conveniencia como se sabe), el doctor educó congruentemente a su progenie, para convertirlos en hombres rectos y descollantes; pero sobre todo, siempre que podía se ufanaba de que los Melero Infante, de su vasto conjunto de cualidades, destacaban por tres condiciones fundamentales: cabeza, bolsillo y cojones. Nuestro hombre nunca se planteó aquello de la bondad, la caridad, la piedad o la justicia, pese a ser también virtudes cristianas. Sea como fuere lo importante aquí estribaba en que el padre se infatuaba de sus cinco sementales, de los Melero, a cada cual más hombre, a cada cual más macho, objetivamente a cada cual más animal.
Por su parte, los hijos obedecían al padre no por voluntad decidida o convicción plena, sino más bien por temor a su inmensa figura, a su carácter granítico. De esa suerte, cualquier petición suya era una orden, para cualquier determinación de su parte no había más que aquiescencia, feliz en alguna ocasión, como el ritual de convertirse en hombre, al cumplir la edad debida. Así, cada uno de los hijos tuvo su primera vez ante el altar de Eros, en la Casa Rosada, un burdel de lujo a las afueras de la capital, apenas les salieron dos pelos en el escroto.
En cualquier persona normal, el sexo excesivo acaba convirtiéndose, con el tiempo y con la misma hembra, en un trabajo de galeote, pero don Juan de Dios, además de variar la yegua, parecía dotado de un brío sobrehumano, el cual esperaba que secundasen todos sus hijos, sin excepción, desde el mayor al benjamín. Primero estaba el poder, después la mujer, tal era el lema de la familia, el oro y el coño.
Así pues, cuando la testosterona empujó, los Melero Infante fueron cumpliendo con un rito familiar, que se llevaba a cabo desde tiempo secular. A decir verdad, el ilustre médico no tenía noticia cierta de cuál Melero inició aquella masculina tradición, pero lo tenía como uno de los más altos representantes de su árbol genealógico. De buena gana los cuatro primeros cumplieron y ninguno de ellos tenía los quince cuando degustaron los placeres arrebatadores de la carne. Con todo, se estaba acercando el turno para el menor, el Antonio, el cual parecía más lento en crecer, menos recio en el marchamo. Viéndole, de vez en cuando, una sombra apagaba la mirada del padre, sobre todo en alguna singular observación, que se obstinaba siempre en arrumbar. Sin embargo, le preocupaba sinceramente que no fuera tan peleón como los demás hermanos, tan orgulloso, que se mostrase menos pagado de su estirpe superior, menos destacado en los deportes violentos; le disgustaba su corazón amable y conciliador, sus perfectos modales y, sobre todo lo demás, el que fuera tan extremadamente elegante y bello.
Cuando el Antoñito tuvo la edad, más tardíamente que los otros hermanos, don Juan de Dios se lo llevó compuesto y perfumado a la Casa Rosada, para que se hiciese un hombre. Entre temeroso y divertido, el chiquillo se dejaba llevar como alelado, sin llegar a adivinar de qué iba todo aquello. Una vez en el local, patriarca y serafín se encontraron con Pedro, el primogénito y con Juan, el segundo, que ya eran habituales en aquellas geografías y, como la cosa más natural del mundo, inflaron aún más la fiesta entre tragos, palabras fuertes y cruzadas miradas de inteligencia. Atolondrado, el pequeño se preguntaba qué hacía allí y de qué planeta habían venido aquellas mujeres pintarrajeadas y medio desnudas.
Llegado el momento, el padre se lo llevó arriba, a una habitación vasta, con cama adoselada, donde desnuda y plácida dormitaba la Juana, una muchacha del norte, experta en estrenar primerizos.
-¡Anda Antoñito, no te quejarás!¡Cumple lo que el cuerpo te reclama! –le azuzó su padre, rojo de orgullo y de excitación.
Pero ante aquellas carnes generosas, lo que el cuerpo del niño le pidió, o mejor sus piernas, fue escapar de allí corriendo, a cien por hora, gritando como poseído, aterrorizado, raudo como alma que lleva el diablo, dejando a sus espaldas un viejo pálido y desconcertado, y el grito gallináceo de la mujer arrebatada del sueño por el susto, la cual se había quedado sentada en la cama, los ojos como platos, las grandes pechos subiendo y bajando tratando de recuperar el aliento.
El Antoñito anduvo tres días escondido, como quien huye del látigo inclemente, hasta que lo encontraron en el lugar menos esperado y obvio, en el ático de la casa, estragado por el pánico, el hambre y la sed. Aunque la anciana ama de llaves trató de evitar el desenlace, don Juan de Dios buscó remedio al conflicto a su manera: a base de correazos aplacó la supuesta indecisión del muchacho, castigó su gran desobediencia, llevándolo cada día a la casa Rosada, donde jornada tras jornada se sucedía lo mismo, el terror, la huida y las palizas. Al final, don Juan de Dios lo dio por imposible, ignorándolo del resto de los hermanos, sin dirigirle la palabra, sin prodigarle la menor atención. Sin embargo, humillado y herido en el alma, lo que más desconcertada al padre era el que no se achantase ni un ápice ante todo aquel odio enorme que destilaba su mirada. No se resignaba, empero, a dar el caso por perdido.
-¡Hijo de la Gran Babilonia! ¡Marica! –rezongaba el viejo cada dos por tres y después seguía despotricando con la mirada encendida y las mandíbulas prietas.
Pero aunque el padre lo doblase a correazos para quitarle el miedo hacia el bello sexo, Antoñito nunca cedió. No sufrió tanto por el desdén de su padre ni aún por el fuego de la férula, como por aquello que se iba tornando en certidumbre surgiendo con el tiempo desde la penumbra de su alma, contra lo que por aquel entonces trataba de luchar, aquello que veía como una naturaleza desatinada. Pero el tiempo fue fraguando las convicciones, forjando una determinación y, de esta guisa, una mañana, cuando el ama de llaves subió a la habitación a despertarle, encontró la cama de Antoñito hecha y una carta que encerraba una inevitable despedida.
Durante un tiempo, el padre se volvió como loco y lo buscó por la ciudad y por toda la provincia, hasta que desistió, vencido y amargado. Durante dos años el viudo infame renegó de su hijo menor, afirmando que sus hijos eran cuatro y no cinco, que el menor había muerto, prohibiendo tajantemente que se hablase de él en la casa. Así se hizo, pero su cabeza autoritaria maquinaba planes y unos meses después le pudo la rabia nacida de la pérdida de autoridad, de la desobediencia. Por esta causa, contrató los servicios de un prestigioso detective para que diese con el paradero de aquel hijo canalla y desagradecido. Lo arrastraría de nuevo a casa y esta vez sí lo haría un hombre, un Melero, aunque se dejase el cuero de mil cinturones en el empeño. Entonces echó cálculos. Antoñito tendría ya los diecinueve, pero daba lo mismo, porque un padre siempre mandaba, un padre siempre debía ser obedecido.
Por el detective supo de la ciudad y de la calle donde vivía el hijo desobediente, en una ciudad principal del país, a casi cuatrocientos kilómetros al noroeste. Así que, una madrugada, apenas el gallo cantó, don Juan de Dios, enfundado en un traje gris, con fulgente corbata de seda italiana, subió a su Jaguar y enfiló en dirección a la nacional. Si briosa y grave fue su partida, su vuelta fue alicaída y silente. Con la apariencia de un hombre envejecido prematuramente, dos semanas después abrió la puerta principal de la casa familiar, representando el signo de la tristeza, de la derrota y de la desesperación; de ahí en adelante, su existencia fue una caída indefectible, ante la cual nada pudieron hacer los mejores médicos del país. Su vida se apagaba como la llama en el pábilo de un cabo de vela.
Los hijos y la gobernanta, viéndolo tan mal y atormentados por la incertidumbre, se le acercaban para consolarlo, pero no sacaron prenda, sino que el viejo se los quitaba de encima con palabrotas, improperios y aspavientos. Al final, optaron por comunicarse con él cuando lo demandase. Poco después don Juan de Dios abandonó sus labores académicas y profesionales, y se encerró como un viejo hurón en su alcoba, de la cual solamente bajaba a la hora de comer, cosa que hacía solo, después de sus hijos, que ya daban el caso por imposible. Siguió, pues, taciturno y resabiado, sin hablar a nadie del motivo de su melancolía, hasta que el sufrimiento le fue sajando el hilo de su vida, hasta que una madrugada la vieja criada lo encontró muerto en la cama con el rostro desfigurado por una horrenda mueca de asco y estupor. Acababa de cumplir los sesenta y parecía una vieja momia centenaria.
El entierro se celebró con gran prosapopeya. Grandes personalidades de la política, del arte y de las ciencias acudieron a los oficios fúnebres para despedirse del prócer. La misa la ofició el obispo en la catedral y alguien dijo que, entre las altas dignidades, estaba el presidente de la nación y el mismísimo Papa de Roma. Ya en el cementerio, los hijos, de negro riguroso, alineados como una escuadra militar, fueron recibiendo sentidos pésames y no pocas condolencias fementidas. Todos se les acercaron y graves los rostros les estrecharon las manos, todos menos aquella joven desconocida, despampanante, enfundada en su traje blanco, el rostro bello apenas insinuado bajo el ala de la pamela, que asistió a la inhumación en un rincón lejano del camposanto, apartada de la multitud, y que se llevó en dos ocasiones un fino pañuelo a la nariz, la que, en silencio, subió a un Mercedes 500 plateado que estaba estacionado a la entrada, dirigiéndose a la salida este de la ciudad. Nadie reparó en ella y quien lo hizo no le dio más importancia, como Pedro, el mayor, quien, por unos instantes, la miró con cierta perplejidad, como quien cree reconocer algo que la mente es incapaz de definir.










Lanzarote Morgano y Almanegra Posted by Picasa


DyM Posted by Picasa


Nope Posted by Picasa

MARCO DENEVI: CUENTO DE AGUJA

13-Julio-2005

CURRÍCULUM VITAE

A menudo un dictador es un revolucionario que hizo carrera. A menudo un revolucionario es un burgués que no la hizo.


BERNHARD: SOBRE LOS EDITORES

13-Julio-2005

"CUANDO UNO ESCRIBE UN LIBRO, se lo entrega a su editor, que vive de este negocio. El editor no tiene ni idea de arte y literatura, ni de temas intelectuales en general, ni quiere saber nada. Lleva adelante su negocio, claro, con la excusa de que va a hacer algo por los intelectuales. Sin embargo, si no obtiene cinco chelines de ese empeño, no moverá un dedo.
El editor es siempre la misma persona, que aparece siempre igual de interesada en su nogocio. Entra aquí con su cartera, la abre y acecha hasta que se le da el original. Debe de esperar algo, porque si no, no lo haría, ya que no es ningún filántropo. Y cuando el original ha desaparecido en su cartera, también él quisiera haber desaparecido ya, porque tiene lo que quiere, y quién lo ha hecho le importa, en fin de cuentas, un pimiento".

Kurt Hofmann, "Conversaciones con Thomas Bernhard" (1.988)


Bernhard (1957) Posted by Picasa


Ojos Posted by Picasa


Awesome! Posted by Picasa

CARLOS MAZA: MICROCUENTO

9-Julio-2005
EL CHUPÓN

A la séptima filigrana, el “Chupón” fue absorbido por el balón y desapareció del campo. Los demás siguieron jugando como si nada, pero el portero cuenta que cuando el balón se cuela sin querer por la escuadra escucha un llanto sordo que le impide moverse.


EE4:DE PURIS NATURALIBUS (Ego) Posted by Picasa

EDGAR ALLAN POE: EUREKA

Valencia, Jueves, 7de Julio, 2005

POSIBLEMENTE (Edgar Allan Poe 1.809-1.849) escribiera su obra en 1847, casi de un tirón, impelido por un estímulo incoercible. La ansiedad que aparecía latente en el autor desde la temprana juventud, cuando comenzó a leer artículos de astronomía en revistas científicas, vibra en las páginas de la obra. Cuando la concluyó, Poe estaba convencido de haber producido una obra revolucionaria, superior a cuantas conjeturas fueron hechas en el pasado o aceptadas en su presente concernientes al origen y destino del universo. La exaltación de tal sentimiento de certidumbre y el ansia del logro palpitan en este libro curiosísimo y el editor, por su parte, aseveró que ningún descubrimiento científico de la historia de la humanidad, ni tan siquiera la teoría de la gravitación universal (con su cardinal ley de la gravedad) puede comparársele.
A decir verdad la obra es peculiarísima y muestra tamaña de lo que un espíritu inflamado y una impar cabeza creadora pueden llegar a hacer en un intento de explicitar la cosmogénesis, evolución y fin del universo todo, no solamente físico sino también mental y espiritual, cosmogonía en suma. Pero, así hemos de verlo, y por supuesto no juzgar con el rasero de un auténtico científico (aquél que lo sea) porque, como señala Cortázar –prologuista y traductor de este libro y de sus “Cuentos” y “Narración de Arthur Gordon Pym”, todos ellos de Alianza Editorial-, los valores de la obra, aquellos que la hacen perenne son otros, los estéticos y espirituales: ”Los buenos lectores de este poema cosmogónico son aquellos que aceptan, en un plano poético, el vertiginoso itinerario intuitivo e intelectual que Poe les propone y asumen por un momento ese punto de vista `divino´ desde el cual pretender mirar y medir la creación”.

Ah, Poe, el Divino Edgardo. Grande y Sempiterno.


















POE Posted by Picasa


EUREKA Posted by Picasa

ADOLFO BIOY CASARES: GRAN FINAL

Valencia, Miércoles, a 6 de Julio, 2005

Gran final

EL viejo literato dijo a la muchacha que en el momento de morir él quería tener un último recuerdo de lujuria.


unicornio Posted by Picasa

ANA MARIA SHUA: MICROCUENTO

Valencia, Miércoles, 6 de Junio, 2005


DONCELLA Y UNICORNIO I

HAY quienes suponen agotado el tema del unicornio y la doncella por extinción de ambas especies. Sin embargo el diario de hoy publica la fotografía de un caballo con un machón sanguinolento sobre la frente. El animal asegura haber sido, hasta pocas horas de la toma, una auténtica doncella.


E5. "DE PURIS NATURALIBUS", c�mic de Ego (1980-1990, aprox.) Posted by Picasa


Ee: DE PURIS NATURALIBUS, Ego: DE HACE MUCHO TIEMPO Posted by Picasa


E:DE PURIS NATURALIBUS: COMIC DE EGO, DE HACE MUCHO TIEMPO.  Posted by Picasa


Rey: DE PURIS NATURALIBUS: dibujo de Ego en la d�cada delos 80-90, sin formaci�n relativa Posted by Picasa

DOS Y EL TIEMPO

Valencia, Sábado, 2 de Julio, 2005

El tiempo es un cáncer que me devora, yo soy ese cáncer.
CARCIA BLANCO

en consecuencia...

El hombre llegua.
Incierta la hora.
La metástasis se crea.
GAETAN DE FER MALVENT, BREVÍSIMOS (1.859)

WILLIAM DRUMMOND: MICROCUENT0

Valencia, Sábado, 2 de Julio, 2005

Para Noemi: Intenté encontrar un ángel para que "te montara" y lo que conseguí fue al amigo Drummond.

William Drummond
La venia

UNA DAMA DE CALIDAD se enamoró con tanto frenesí de un tal señor Dodd, predicador puritano, que rogó a su marido que les permitiese usar de la cama para procrear un ángel o un santo; pero, concedida la venia, el parto fue normal.

Así que, amiga Noemi, lo mejor será conformarse con un común mortal. Ego.


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ALOE AZID: MICROCUENTO

Valencia, Viernes, 1 de Julio, 2005

Cabalgando

MONTÉ una yegua y tuvimos un centauro.


CABALLOYMAR Posted by Picasa

Salvador Alario Bataller

Lugar:
Avda, Blasco Ibáñez, nº.126, 6º, 28ª Valencia 46022 Spain

Teléfono:
963724197

E-mail:
alario7@msn.com

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OBRA PUBLICADA A)CIENTÍFICA: 8 libros de Psicoterapia y Sexología (editorial Promolibro, valencia). 36 artículos especializados en diversas revistas (redactor de Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, www.editorialmedica.com, y los artículos y otros textos se relacionan en la web). B)NARRATIVA: “La conciencia de la bestia”, edición privada, finalista (de los 15 finalistas) del Premio Planeta de Novela de 1997. “La ciudad desvanecida”, relato seleccionado por concurso de la revista Escribir y Publicar en su editorial Grafein Ediciones, Colección Escritura Creativa, integrante del volumen de cuentos ASI ESCRIBO MI CIUDAD (2001). “Descensus ad Inferos”, lo mismo que antes, pero este cuento pertenece al libro de cuentos “32 MANERAS DE ESCRIBIR UN VIAJE” , Grafein Ediciones (2002). “Maltidos. La Biblioteca olvidada”, Iván Humanes Bespín y Salvador Alario Bataller, Grafein Ediciones, Barcelona, (2.006). "101 coños, Ilustraciones y breves" (2008), Carlos Maza Serneguet, Salvador Alario Bataller e Iván Humanes Bespín. Ilustraciones de Vanesa Domingo Montón, Grafein Ediciones, Barcelona. "Antología Iberoamericana de MIcrorelatos" (2008),coautor, Ediciones Lord Byron, Madrid (en prensa) La acre lácrima (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Un estudio crítico del Necronomicón Apócrifo (2006), ensayo, en http://www.lulu.com/alario7 Las aventuras carpatianas del profesor Exhorbitus (2006), novela, autoedición, en http://www.lulu.com/alario7 Astrum Argentum . La vara del mago (biografía novelada de Aleister Crowley) (2006), novela, en www.lulu.com, en http://www.lulu.com/alario7 El murciélago monstruoso (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Nunca volví de cuba (2007), novela, en www.lulu.com, http://www.lulu.com/alario7 Cuentos en www.narrativas.com: Espejos (2007), Los pequeños (2007). La angustia última (2008). Lo que trajo la noche (2008). OBRA INÉDITA: Las nocturnidades de don Arturo del Grial, (2002), novela. Los ojos del moro (2003), novela. El doctor amor y las mujeres (2006), novela. La trama sináptica (2007), novela. Historias de amor, muerte y trascendencia (2007), novelas (dos novelas breves relacionadas). Los estados intestinales (2007), novela. Cuando cazaba pelos (2008), novela breve Cuentos completos (1999-2008) Blogs: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://undostrescuentos.blogspot.com http://undostrescuentos2.blogspot.com http://elloboylaluna.blogspot.com http://lasnocturnidades.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
 

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