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TOLKIEN


"Soy un hobbit, excepto por el tamaño. Me gustan los árboles, los jardines y las granjas sin máquinas; fumo en pipa y me agrada la comida sencilla. Tengo predilección por las setas; poseo un sentido del humor muy elemental; me acuesto y me levanto tarde y no viajo mucho".
Me has retratado al ciento por ciento.

JAVIER MARÍAS DIXIT




Yo no me siento muy cómodo en este país. Me he sentido un poco extranjero, como si fuera un falso español, y yo nací en Chamberí. De niño viví en Estados Unidos, pero siempre me he sentido un poco ajeno. A veces me desespero. Hay una mala leche excesiva, una saña, una zafiedad. Hay a menudo una especie de odio a lo inteligente, y a lo reflexionado, y a lo sentido. Hay una difícil aceptación de lo distinto. Ahora, por ejemplo, me he quedado un poco estupefacto: ha muerto un futbolista, Antonio Puerta, muy joven; una muerte terrible, está claro, todos estamos de acuerdo. Pero que los telediarios abran con esa noticia un día, y otro, y otro; que se haya criticado al Barcelona porque ha sido el único equipo normal, que se ha puesto el uniforme del luto, pero que no haya cancelado el partido? Hay una especie de mandamiento: alguien dice "esto tiene que ser así", y todo el mundo a cumplir. Éste es un país con una enorme vocación totalitaria, que todo sea como alguien quiere que sea.

Tomado de:

GRANDES MUJERES

CICLO DE CONFERENCIAS"GRANDES MUJERES EN EL CLARIDGE HOTEL""EL ENIGMA SILVINA OCAMPO: LA PARADOJA Y LO SUBLIME",
POR MANUEL LOZANO
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El escritor Dr. Manuel Lozano disertará el próximo miércoles 26 de septiembre, a las 19 :00 hs., en el Gran Salón del Claridge, dentro del Ciclo de Conferencias "Grandes Mujeres en el Claridge", programado por el Departamento de Actividades Culturales.
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Manuel Lozano realizará un análisis exhaustivo de la obra integral de Silvina Ocampo, desde "Viaje Olvidado"(1937) hasta "Cornelia frente al espejo" y sus textos póstumos.
Silvina Ocampo, formó junto a Borges y Bioy Casares,de lo que su hermana llamó no sin humor cáustico e inteligencia :"La Santa Trinidad de la literatura argentina".Esta conferencia será una síntesis del libro homónimo del Dr Manuel Lozano, quien fuera amigo de la autora de "Autobiografía de Irene" y sobre cuya obra viene investigando desde su adolescencia.
La entrada es libre y gratuita (aforo limitado)

Información: 4 314 2020( int 109) o actividadesculturales@claridge.com.arTucumán 535 - C1049AAK BUENOS AIRES - Argentina Tel.: (54-11) 4314-7700. Fax: (54-11) 4314-8022. Reservas: (54-11) 4314-2020 reservas@claridge.com.ar - www.claridge.com.ar

ESTADO


Estado es el nombre que se da al más frío de todos los monstruos fríos. El Estado miente con toda frialdad y de su boca sale esta mentira: “Yo, el Estado, soy el pueblo”. ¡Qué gran mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos, por la fe y el amor: así sirvieron a la vida. Aniquiladores son quienes ponen trampas a la multitud, y denominan Estado a tal obra. Todavía queda abierta, ante las almas grandes, la posibilidad de una vida libre.
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Así habló Zaratrusta, Friedrich Nietzsche.

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FUENTE:

GIRONDO: microcuento

Ex voto
A las chicas de Flores


Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.
Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para trasmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo que el sexo se les caiga en la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás-empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforecentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tuienen el coraje de cortarse el cuerpo a padacitos y arrojárselo, a todos los que pasan la vereda.
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Oliverio Girondo
Buenos Aires, octubre 1920.
FUENTE:
http://cientoun.blogspot.com/

BORGES Y LOVECRAFT



Borges y Lovecraft: There are more things.
por David Monroy Gómez

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Las obras de Jorge Luis Borges y Howard Phillips Lovecraft corren paralelas en más de un sentido. Aunque su visión de lo fantástico se decante en fórmulas distintas (el deslumbramiento metafísico y el horror, en ese orden) y los sustratos respectivos sean diferentes, ambos construyen sobre cimientos equiparables. El tiempo, los libros malditos, los manuscritos perdidos, las civilizaciones olvidadas, la narrativa como sistema de símbolos que implican otros órdenes en la “realidad”: todo esto comparten Borges y Lovecraft. En la obra del primero tiene lugar el encuentro de ambos, en el cuento “There Are More Things” (1975).Es notable que la figura de Lovecraft, biografiada por L. Sprague de Camp, ofrezca similitudes, a uno u otro nivel, con las de otros dos creadores. Con Franz Kafka comparte el ser íntimo, afectuoso, que Max Brod desnudó, y la imagen contradictoria que nos ha llegado, de aparición casi romántica, sufrida y enfermiza; es decir, un rostro para su círculo de amigos y otro, de leyenda, para la sociedad. Con Borges, Lovecraft tiene puntos de contacto en la obsesión por el ámbito cerrado de las cosas que, inevitablemente, se convierten en “marca de fábrica”, merced a las disposiciones de la infancia y la formación intelectual (madre, entorno, libros, sueños, pesadillas; compárense las biografías realizadas por Sprague de Camp y Emir Rodríguez Monegal). “Lovecraftiano” y “borgiano” no son adjetivos gratuitos: designan una parte de la realidad delimitada por la voluntad de narrar, que construye, crea objetos, fabrica mitos: Yuggoth y Sarnath, Tlön y Uqbar, el Necronomicon y el Libro de Arena.Si bien concebido por Borges como “un parodista involuntario de Poe”, Lovecraft influyó en el argentino no a un nivel estrictamente consciente, sino en la encarnación de lo obsesivo, en la recurrencia temática. Borges construye sus mitos a partir de la filosofía y los compadritos muertos, las referencias bibliográficas y la esquina rosada. Lovecraft finca los suyos en bases igualmente librescas: Lord Dunsany, Algernon Blackwood, Arthur Machen, William Hope Hodgson. Estos elementos se integran por último en una estructura literaria que, con el tiempo y los muchos escritores posteriores, observa intentos de “sistematización” y da lugar a una “mitología”. Al hablar de influencia, Rafael Llopis (“Los mitos de Cthulhu”) determina lo que resulta “nuevo” en los trabajos lovecraftianos:
...su originalidad no radica en ninguno de sus elementos aislados, sino en su totalidad, en su estructura, en su Gestalt, que es algo más que la suma de los elementos que la integran. Esta forma está en función del contenido que... queda constituido por la angustia cósmica de Lovecraft y por su manifestación onírica simbólica.
De igual manera, en el universo borgiano se integran, para formar una estructura más o menos coherente, influencias de diversa índole (incluso contradictorias entre sí), que dan por resultado un sistema que gradualmente se convierte en “lo borgiano”, determinado por la idea de la identidad plural de los hombres, la teología como rama de la literatura fantástica, el doble, la eternidad, las vidas paralelas, la enumeración caótica para dar cuenta del universo multiforme, las citas de libros inventados. Los elementos que forman, en suma, los mitos de Borges.Hay que mencionar aún un nexo entre Borges y Lovecraft. Rafael Olea Franco (El otro Borges. El primer Borges) defineuno de los objetivos de la escritura borgeana: "la construcción de la literatura como un objeto autónomo, hecho manifiesto... en la intromisión de lo ficticio en la vida real, en tomar como verdadero lo que es imaginario."El crítico alude al incidente surgido tras la publicación del texto “El acercamiento a Almotásim”: distintos lectores desprevenidos, sin advertir que la “reseña” borgiana era en realidad un texto de ficción, llegaron a solicitar ejemplares del inexistente The Approach to Al-Mu’tasim, novela que tal vez sólo habita en algún etante de la Biblioteca de Babel. De la misma forma, lectores interesados en lo oculto fatigaron mil sitios en busca del Necronomicon, principal libro nefando entre los muchos inventados por el círculo de Lovecraft (y que quizá tenga existencia real, como los objetos de Tlön diseminados por el mundo, lo que plantearía de nuevo el problema de la ficción y la realidad, y cómo la primera influye en la segunda).Por lo que toca a “There Are More Things”, el cuento toma su título del Hamlet de William Shakespeare (acto I, escena V): “Hay más cosas en el cielo en la tierra, Horacio, de las que ha soñado tu filosofía”. Conforme a esta idea, Borges narra la historia de un indeseable inquilino que quizá ha llegado de las estrellas para instalarse en la Casa Colorada, lugar de nostalgias del narrador. Este último, de acuerdo con la doctrina de Borges, posee algunos de los rasgos del autor, con lo que la autobiografía se cuela en el relato para hacerlo “más plausible”. Así, según Rodríguez Monegal (Borges. Una biografía literaria), el padre de Borges inició al futuro escritor al futuro escritor en el conocimiento de la filosofía por medio de las cosas cotidianas; el tío del narrador toma el lugar del padre en el cuento y lleva a cabo las mismas acciones: "Una de las naranjas del postre fue su instrumento para iniciarme en el idealismo de Berkeley; el tablero de ajedrez le bastó para las aporías eleáticas." Asimismo, hay en la historia un sueño-pesadilla directamente extraído de los terrores nocturnos de Borges. El narrador sueña --y aquí es donde entra el horror según la concepción del argentino-- “con un grabado a la manera de Piranesi”, que representa un laberinto:
Era un anfiteatro de piedra, cercado de cipreses y más alto que las copas de los cipreses. No había ni puertas ni ventanas, pero sí una hilera infinita de hendijas verticales y angostas. Con un vidrio de aumento yo trataba de ver el minotauro. Al fin lo percibí. Era el monstruo de un monstruo; tenía menos de toro que de bisonte y, tendido en la tierra el cuerpo humano, parecía dormir y soñar. ¿Soñar con qué o con quién?
Es ésta una de las más antiguas recurrencias en la obra de Borges. Roy Bartholomew cita al escritor en una de las conversaciones entre ambos y Antonio Carrizo (Borges el memorioso):
Tenía mi padre un volumen publicado por una editorial de París. De estos tomos rojos con adorno y letras de oro. Y ahí estaban las siete maravillas del mundo, entre ellas el laberinto, una suerte de anfiteatro con hendijas muy angostas y artificios cerrados. Se advertía que era alto, más que los hombres y los cipreses. Yo pensaba: si tuviera una lupa y la suerte de poder ver bien, podría descubrir el minotauro.
Borges también recurre a esta imagen para ilustrar los caminos por los que corre el alma libre durante el sueño, en su conferencia “La pesadilla” (Siete noches), y Rodríguez Monegal apunta esta misma anécdota en su biografía.Así pues, nos encontramos en el reino de la pesadilla, dentro de un cuento dedicado “a la memoria de Howard P. Lovecraft”. La figura del monstruo echado anuncia el horror final de la narración; sin embargo, antes de la revelación, el hombre habla del nuevo habitante de la Casa Colorada, Max Preetorius, quien la adquirió quizá con fines no muy cristianos y tras cuya llegada hay un perro decapitado, araucarias taladas, la transformación del moblaje de la casa y ciertas alusiones veladas a un horror desconocido: “La abominación tiene muchas formas”.Una forma, precisamente, es lo que precipita el desenlace del cuento. El narrador se ha introducido subrepticiamente en la casa, en una oportuna noche de tormenta, y se encuentra en medio de un horror inconcebible para el ser humano. Característico en Borges, el terror no viene de la atmósfera (a diferencia de Lovecraft), sino de la reflexión filosófica:
Para ver una cosa hay que entenderla. El sillón presupone el cuerpo humano, sus articulaciones y partes; las tijeras, el acto de cortar. ¿Qué decir de una lámpara o un vehículo? El salvaje no puede percibir la biblia del misionero; el pasajero no ve el mismo cordaje que los hombres de a bordo. Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos. Ninguna de las formas insensatas que esa noche me deparó correspondía a la figura humana o a un uso concebible. Sentí repulsión y terror.
El narrador se encuentra en pleno delirio reflexivo (el que incluye, borgianamente, alusiones a Lucano, a la anfisbena, al “monstruoso habitante de la monstruosa casa” y al horror último de los espejos) cuando de pronto debe huir, y en la escalera siente ascender algo, con toda la angustia de los adjetivos borgianos y lovecraftianos, “opresivo y lento y plural”. No se niega a la curiosidad y no cierra los ojos, con lo que da lugar a un desenlace extratextual, en el que suponemos el enfrentamiento del terrestre con el extraterrestre.Antes, Borges ya había hecho decir a su personaje-narrador las palabras exactas para definir el miedo de índole intelectual que lo asalta y sacude:
¿Cómo sería el habitante? ¿Qué podía buscar en este planeta, no menos atroz para él que para nosotros? ¿Desde qué secretas regiones de la astronomía o del tiempo, desde qué antiguo y ahora incalculable crepúsculo habría alcanzado este arrabal sudamericano y esta noche precisa?
Esta precisa, unánime noche, hay un cuento póstumo de Lovecraft que no es tal y que sirve de vehículo para que otro creador de citas apócrifas teja el problema de la percepción del mundo, del sueño y de la pesadilla. También, el primario y terrible asunto del tiempo, tanto el que transcurre desde el aprendizaje de las aporías eleáticas en un tablero de ajedrez hasta la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Colorada, como el que separa a este mismo inquilino de nosotros, y que quizá sea un tiempo inaccesible a nuestros limitados sentidos.Con todo, el tiempo como tema también hermana a Borges y Lovecraft. En efecto, poca es la distancia que priva entre las declaraciones siguientes:Borges, citado por Waldemar Verdugo-Fuentes (En voz de Borges):
El tiempo es un problema para los hombres. Un tembloroso y exigente problema. Acaso el más vital de la metafísica.Sigo tan perplejo y tan trabajado por esta incógnita del tiempo como al principio de mi interés.
Lovecraft, en “Nota sobre los escritos de literatura fantástica”, de La noche del océano:La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis relatos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática, espantosa y terrible del Universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.
Es precisamente esta perspectiva del tiempo la que une, amén de todo lo mencionado, a Lovecraft y Borges, si bien cada uno la maneja en distintos niveles: Lovecraft, desde sus cuentos dunsanianos ubicados en una época remota y mágica, hasta los abismos temporales y de la identidad individual de “The Shadow Out of Time”; Borges, desde su sensación del “Sentirse en muerte” en El idioma de los argentinos (1928); citada en Historia de la eternidad y repetida en Otras inquisiciones), hasta la manufactura de cuentos como “El milagro secreto” y “El inmortal”.Ambos escritores construyen, pues, sus ficciones, sus mitos, con elementos que se conjugan hasta formar una estructura, sobre la cual se fundan sus edificios narrativos y que luego dará lugar a la sistematización de obsesiones y recursos, al señalamiento de recurrencias, a la identificación de filias y fobias personales en cada uno de los casos.Si un hombre es todos los hombres, como querría Borges, Lovecraft colaboró con el argentino para dar origen a “There Are More Things”. Aquí están Borges y Lovecraft, y están Poe, Shakespeare, los compadritos muertos, la tradición argentina y la anglosajona, las enseñanzas del padre, los libros... Está todo, y eso da la dimensión fantástica del cuento borgiano. De los mitos de Lovecraft a los mitos de Borges, si seguimos con esta línea de pensamiento, sólo hay un paso: ambos son resultado de la imaginación de un solo hombre, a través del tiempo y del espacio, a través de Providence y Buenos Aires, en colaboración consigo mismo.
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FUENTE:


Encontrado en:

MONSTRUOS Y NOMBRES



De Monstruos y Hombres

TÍTULODe Monstruos y Hombres
AUTOR
Jose Manuel Serrano Cueto
EDITORIAL
T&B
FORMATO: Rústica AÑO: 2007 Páginas: 230
COLECCIÓN:
TRADUCCIÓN:
ISBN: 8496576434
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Argumento


Se trata de un recorrido por los actores y personajes del mítico ciclo de terror de la Universal, aquel que nos legó joyas como El doctor Frankenstein, Drácula, El caserón de las sombras, El hombre invisible o Satanás. Unos apuntes biográficos abren cada apartado del libro, estructurado por actores, y seguidamente se pasa a comentar los personajes que interpretaron en estas películas.


INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE: CUERPOS DEFORMES, MENRES RETORCIDAD

1. Bela Lugosi. Yo, Drácula.

2. Boris Karloff. El señor de los "tornillos".

3. Lon Chaney, Jr. La infelicidad del hombre-lobo.

4. John Carradine. El escuálido conde vampiro.

5. Elsa Lanchester. La dama electrificada

6. Claude Rains. La voz no es invisible.

7. Colin Clive. El irresponsable hijo de papá.

SEGUNDA PARTE: UN CASO APARTE: CUANDO DRÁCULA HABLÓ EN ESPAÑOL

8. Carlos Villarías. De la Mezquita a un castillo transilvano.TERCERA PARTE: OTROS NOMBRES DEL TERROR

Los monstruos

Doctores tarados

HéroesScream-queens

Chicos monos y atolondrados

Al servicio del doctor

Yo soy la leyLos graciosos

Zíngaras

FILMOGRAFÍA DEL REPERTORIO

Y DESPUÉS ¿QUÉ?

FILMOGRAFÍA DESPUÉS DEL REPERTORIO

NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

FUENTE:

http://www.aullidos.com/libro.asp?id_libro=132

Jenny o el vacío ético
Jenny, aunque en realidad se llamaba Juana, era una chica muy guapa. En realidad acaba de cumplir sus dieciocho en Noviembre, el día once; era una escorpio integral (siempre tenía mucho calor en el “chichi”) y, además, tenía un cuerpo de cine. Su aspecto general era de “vamp” inconfundible y eso le gustaba una barbaridad: pelo negro, lacio y largo, chatilla, ojos grandes y oscuros, labios regordetes, muy sensuales (mamadores, decía ella) y un cuerpo de locura; su trasero era grande y redondo, como una manzana, bien partido, un pelín hacia afuera, justamente lordótico, sobre unas piernas fuertes y hermosas, que trataba siempre de exhibir lo máximo posible. Sus senos eran grandes y túrgidos, tal vez demasiado para su edad, para la niñez inviolada de sus facciones y, como era sabedora de lo que valía un buen cuerpo, caminaba así, un poco desenfadada y moviendo demasiado las caderas. Todo ello daba mucho morbo a aquel cuerpo pletórico y bien conformado, adornado por una cara de colegiala, medio putilla, niña mala.
Era sábado y tenía que salir a divertirse, ir de marcha. Sus amigas estaban de vacaciones, por lo que tenía que valérselas por sí misma. Sus padres estaban en el chalet y la hacían estudiando, preparando el examen de selectivo que sería en Septiembre. Bueno, pensó, había tiempo suficiente para leérselo por encima. Ahora tenía que disfrutar la noche. Sacó de su pequeño bolso el monedero e hizo un mohín displicente al encontrar aquellos doce euros solitarios. Había, pues, que apelar a los recursos infalibles.
Fue a la parada del autobús. Hacía bastante calor y había solamente dos viejos aguardando al 81. Cuando llegó lo tomaron. Se sintió bien en el ambiente fresco del aire acondicionado y hubiese deseado que el trayecto durara un poco más. No obstante se bajó en la Plaza del Rey. Eran las siete de la tarde y había bastante tráfico para ser finales de Julio. Miró al parque y vio en el banco a un hombre, de unos sesenta años, leyendo el periódico. Se acercó, sentándose a su lado. El hombre la miró.
-Si me das treinta euros te hago un francés -dijo con aquella voz cautivadora y muy putona que ponían en los anuncios de sexo de la tele-. Te caerá la baba.
El hombre la miró sorprendido -debería ser un tipo bien, pues iba enfundado en un traje caro, con corbata de seda-, después la cara se le alteró con una sonrisa de sátiro y, sin decir palabra, le indicó con la mano la entrada de un aparcamiento subterráneo.
-Me vas a alegrar la tarde -murmuró el anciano-. Tengo el coche dentro, en un rincón apartado. Es un buen sitio para eso.
El vigilante, desde su caseta, les miró con ojos inciertos, después hizo un breve saludo, al cual respondió escuetamente el hombre mayor con un movimiento de cabeza.
Al final, oculto tras una columna, había un Mercedes gris metalizado. El hombre sacó las llaves y abrió una puerta trasera. Se metió dentro y se arrellanó en el asiento, abriendo bastante las piernas y, ella, inmediatamente, se lanzó sobre la bragueta. Hacía eso siempre, se la chupaba a algún carcamal antes de irse a la discoteca; así obtenía algunos billetes extras.
El viejo jadeaba excitado y de vez en cuando resoplaba fuerte. Se la sacó, tenía prepucio y ella, tirando hacia atrás descubrió un glande grande, reluciente, un poco lívido. No esperaba aquella pistola en semejante carcamal. Tenía una polla larga y dura, el viejo cabrón. Se la metió en la boca sin preámbulos, hasta la garganta, mientras aquel mamón gemía y le decía cochinadas con voz entrecortada:
-¡Chupa guarra ! ¡Cómetela cerda ! ¡Mámala putita !
Ella subió la cabeza tres veces, succionando aquel trozo de carne caliente y suave y él, en apenas quince segundos, eyaculó. La sensación de tener el semen en la boca no le disgustaba aunque fuese el de un viejo, al contrario, le gustaba tragárselo, saborearlo un poco en su boca, mezclarlo con la saliva, antes de engullirlo. La leche del puerco senil era poca, pero espesa.
-¡Otra ! -ordenó el hombre, dejando caer encima de su pene un billete de cincuenta.
Ella se la metió nuevamente en la boca y chupó el glande, lengüeteó el frenillo y después folló aquella polla todo lo largo que era, ya erecta otra vez, aunque menos dura que antes; tuvo que aplicarse un poco más a fondo, pero en un par de minutos ya estaba fuera del coche, mientras el pájaro se quedaba desmadejado en el coche, la picha fláccida, casi dormido, los ojos en blanco, con una sonrisa bobalicona en su cara de pergamino.
“Que te follen”, pensó la nena, apresurándose a salir, en dirección al rectángulo de luz.
Viéndola pasar, al guarda se le dibujó una sonrisa maliciosa. Ay, esas guarrillas, pensaría, sin duda, poniéndose cachondo.
Le encantaba ir a Clímax-Cenital los sábados por la noche porque, como solía decir, había mogollón de gente y una marcha que era una caña. La música no paraba, siempre muy fuerte, aunque hacía demasiado calor. No obstante había un ambientazo de puta madre, que enganchaba, que le tiraba a uno desde las entrañas. El “bacalao” y la música “máquina” se mezclaban arrolladoramente y la gente se divertía a caudales. Acababan drogados, jodidos, enervados y sudados como cerdos, pero valía la pena; uno se sentía vivo, introducido en un mundo mágico diferente al gris de todos los días y notaba que había sucedido algo, que formaba parte de un mundo inconsútil cuando, quebrado hasta las esencias, dejaba caer su cuerpo en la cama a las doce del mediodía, después de dos días seguidos de juerga.
A Jenny aquella noche le gustó especialmente el ambiente, la música era súper-cañera, más que nunca, y había un montón de tíos buenos, bastantes ciclados y luciendo tatuajes bizarros. Se preguntó, riéndose de su propio chiste, dónde se metían durante la semana y rió más todavía al decir, para sí, que a ella tampoco se la veía en esos días, con lo buena que estaba.
El gorila de la entrada la dejó entrar sin pagar, dejando caer sobre ella una sonrisilla maliciosa. Se lo había follado unas cuantas veces, pero no era gran cosa pese a tanto músculo. Eso le valía la entrada gratis, sin embargo. Siempre sacaba partido de ese don que la naturaleza le había dado.
Dentro, echó una ojeada alrededor para comprobar si algunos habituales habían llegado y así, al primer golpe de ojo, no vio a nadie, en aquella multitud alocada que se cimbreaba por todos los sitios, que movía el esqueleto al compás de una música fuerte y sincopada.
Había un montón de cerdas tragando en la barra, provocando a aquel camarero moreno, cubano, que estaba para merendárselo. Se veía también bastante gente dándole la espalda, mirando como la turba bailaba en la pista, donde estallaba una vorágine de luces, bacalao y cuerpos frenéticos. Bastantes parejas se pegaban la paliza en los reservados, allí, a unos metros, a su izquierda, en los rincones oscuros que olían siempre a colonia barata, sudor y semen.
De aquel rincón hediondo salió una guarra con camiseta blanca, a la que se pegaban las tetas impresionantes, marcando los pezones erectos, una chica esbelta y de rubia melena, que le llegaba casi hasta el culo. Estaba imponente, había que reconocerlo. Se acercó a Jenny, sonriendo.
Rosy, así con y griega al final, era tal vez la más potente de las chicas que iban por allí y la más salida, pues era capaz de pasarse por la piedra a más de una docena de tíos en una noche normal y, aún así, quedarse a media ración. En el fondo, a pesar de una implícita competencia entre chicas estupendas, marchosas y salidas, Jenny sentía admiración por Rosy. Además, era una tía con pelas, muy enrollada y andando a su vera nunca le faltaba a una cuatro copas o cuatro rayas.
-¿Qué tal ?
-Bien, acabo de llegar.
-Yo llevo aquí una hora. Me da la impresión de que hoy la noche será fuerte.
Rosy llevaba una minifalda roja, una de esas de goma que se pegaban a la base del culo y que se iban subiendo hasta que dejaban ver prácticamente el coño. Jenny no pudo dejar de admirar sus hermosas tetas ni su culo redondo y turgente, como una pera.
Sí, tenía un trasero perfecto y Jenny se sentía siempre un poco morbosa cuando la tenía cerca. No es que fuera bollera, pero no le daría asco enrollarse una noche con ella. A veces se había masturbado con esta fantasía y estaba convencida que algún día sucedería. También Rosy la miraba a veces de manera significativa, aunque principalmente le fueran los tíos. En la vida una debía probarlo todo.
-Acompáñame -le dijo Rosy.
Entraron en los aseos. Estaba todo bastante limpio, si se tenía en cuenta la gente que entraba y salía. No obstante, era pronto aún y a las tres de la madrugada aquello parecería un corral de cerdos.
Se metieron en un servicio y cerraron la puerta. Rosy sacó una papelina y la cortó sobre la tapa del váter. Aquello le vendría estupendamente y le permitiría ir aguantando el tirón de la noche.
Sí, le encantaba hacerse unos buenos tiros y después meterse quince cubatas entre pecho y espalda, y un puñado de pastillas, y así llegar a aquel punto donde no se sabía lo que se hacía, rebasar la frontera entrando en el mundo de la inconsciencia y la falta absoluta de control. Aquello, no obstante era peligroso y más de un amigo se lo había advertido; viendo como se ponía, tenía muchas posibilidades de que algún día le sucediese algo grave. Pero ella sabía que estaba en un rumbo irreversible, que nunca le había sucedido nada y que lo importante era divertirse, pese a los peligros potenciales. La peña estaba mal, el mundo estaba mal, todo estaba peor.
Rosy cortó la farlopa con una seis mil y enrolló un billete de diez, ofreciéndoselo. Había dos rayas, gruesas y de a palmo, joder. Efectivamente, Rosy era una tía total, súper-enrollada.
Cuando salieron, había mucha más basca en el local; el ambiente hervía. Tenían que avanzar abriéndose paso con los codos. El lugar parecía más oscuro, la gente bailaba más descontrolada al ritmo máquina, en un ambiente caótico y devastador. Allí estaba, pensó Jenny mientras sentía el regusto amargo deslizarse por su garganta, la sal de la vida, el copón de la hostia.
Se tomaron un cubata y bailaron un rato, de aquella manera provocativa, moviendo bien el culo y las tetas. Alguien le tocó por la espalda y, al volverse, Jenny se tropezó con una cara de ojos aguanosos y mirada perdida. Aquel tío estaba súper-colocado. Era el que estaba con Rosy en el reservado, del cual le dijo que no conocía de nada, que estaba bien y que así, en un plis-plás, se habían enrollado. Se lo presentó. Se llamaba Toni, sí, con i latina al final, y parecía un tipo divertido. Las invitó a otra copa.
De hecho tomaron varios pelotazos y fueron apareciendo tíos que ella no conocía de nada y que les decían las mismas chorradas de siempre. Ya iba notando la cabeza turbia, las ideas difusas, aunque lograba recordar que se fueron unos cuantos al baño y se tomaron mogollón de pastillas.
Sentía mucha sed y bebió más, mucho más, porque el tío aquel, Toni, pagaba. Tampoco lo recordaba bien, pero en cierto momento se vio en el reservado, chupándole la polla. Tenía un aparato grande, con un glande perfectamente descapullado y gordo. No empalmaba bien, pero ella y Rosy consiguieron que se corriera, aún con media erección. El tío se quedó dormido y las dos salieron a la barra, a beber más, hasta que en un momento indefinido, se separaron y se perdieron durante el resto de la noche.
Así mismo creía recordar que vio a Rocky, un camello, un tipo alto, moreno, apatillado, con perilla, con anillos en la oreja y pinta de macarrón. Creyó acordarse de que follaron y así debió ser porque se encontró de repente con una buena bola de farlopa en las manos. Habría cinco gramos por lo menos, pero los consumió en menos de una hora.
A las dos y media aproximadamente -porque a las dos se hizo una buena raya y miró el reloj y estaba aún de este lado- perdió el control. Sabía que había estado bailando y bebiendo y tomando pastillas, pero después algo hizo “¡puf !” en su cabeza y le cayó como un plomo el olvido. Sabía también que había estado jodiendo sin parar: no sabía a cuantos se había tirado a lo largo de la noche ni lo que había hecho en un espacio de casi tres horas
Eran las ocho de la madrugada cuando le fue bajando la turca. Estaba a la puerta de la discoteca, ya era de día, hacía un sol pesado, que hacía casi difícil el respirar.
Una manada de urbanitas noctámbulos, pastilleros, discotequeros y especimenes diversos fueron saliendo de aquel cuadrado de cemento y cristal. Se metían en los coches y arrancaban en dirección a la capital. Ella se sabía sola. Tenía que buscar a alguien, para que la llevase a casa. Había un par de tipos mayores, de unos treinta años, que entraban en un coche deportivo. Ella se les acercó y les prometió unas buenas mamadas si la llevaban a casa.
Subió con aquellos dos, que parecían tipos de esos que ganan mucho dinero, yuppies o como mierda se llamen, que juegan a la bolsa y tienen gustos caros. Se metieron por un camino vecinal y, allí, entre unos cañaverales, se lo hicieron de todas formas. Uno incluso le dio por el culo. Le dolió algo, pero no tanto como hubiera esperado, puesto que estaba medio drogada todavía y eso anestesia, como es sabido, si bien no protestó, aunque se sentía forzada, consciente de que aquello no era limpio. Por un instante estuvo a punto de chillar, de pedir ayuda, pero estaba demasiado cansada para hacer nada.
Su meñique moral le hacía ver aquello como indecoroso, anómalo, pero era incapaz de ir un más allá obvio. Deseó que acabase pronto y, así fue, aunque se habían corrido también en su cara, si bien le dieron klinecs para que se limpiase. Pensó que ella se lo había buscado, que podía esperarse cualquier cosa en la movida y que, aquellos tipos, aunque eran unos guarros, habían sido legales con ella, dado que la habían dejado a la puerta de su finca. Nada, no había pasado nada, pero se habían pasado, habían sido unos abusones, unos putos cabrones. Ya tendría más cuidado la próxima vez
Entró en el ascensor y pulsó el botón. Abrió la puerta de su casa, yendo directamente a su cama. Se quedó en bragas y notó lo agotada que estaba, que pronto se quedaría dormida. Había sido un fin de semana movido, como todos; intentaría estudiar algo durante los próximos días, pero trataría de que el sábado siguiente fuese mejor que éste.
Como cada lunes, se levantó muy tarde, con el cuerpo quebrado y la cabeza rota. Se encaminó con paso vacilante hacia el cuarto de baño, haciendo caso omiso a la acostumbrada mirada reprobadora de su madre y a sus palabras amenazantes. Era una guarrilla, pero era su hija, y la tendrían que aguantar hasta que tuviera, por lo menos, un trabajo con el que tirar por la vida.
Se duchó, estaba rendida y el agua caliente le relajó los músculos, haciendo que se sintiese un poco mejor. Después se tomaría un sedante, dormiría unas cuantas horas y se levantaría casi como nueva... Se miró en el espejo, coqueta y satisfecha e hizo, para sí, unos gestos muy obscenos. Era la hostia, pensó. La verdad era que estaba muy buena, con su cuerpo de infarto, sobre todo con aquellos pechos como manzanas frescas.
Al meterse nuevamente entre las sábanas y sentir el leve adormecimiento inicial de los diez miligramos de hipnótico que se había tragado, le corrieron por la mente imágenes fugaces de lo que había ocurrido el día anterior. No pudo evitar aquella liviana zozobra inicial, pero trató de sobreponerse y lo consiguió raudo. Habían abusado de ella, aunque sabía que era de esperar, porque era carne suculenta, porque estaba muy buena; pero no lo recordaba bien, tal vez la imaginación se le disparase, apenas recordaba nada del día pasado, ni de la semana anterior, ni de la otra, ni tampoco le importaba. A la semana siguiente, más.




Salvador Alario Bataller

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